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Yate desenfocado

Yate vale. Es que todo vale. El caso es armarla, y para ello, velocidad y tocino parecen hechos el uno para el otro. Pero la culpa no es del consumidor. Actualmente, el salto del periodismo entrecomillado a twitter ya no es cuestión de abismos. Una vez nos han contado en letras de imprenta que 2 y 2 son 5, a ver quién es el guapo que se atreve a decir lo que puedes o no puedes opinar en el salón de tu casa, o si puedes o no puedes compartirlo en redes. La comunicación adopta la forma que mejor sirve a sus fines políticos, la que propone una información al usuario para que la utilice en beneficio propio. Es el marketing de la satisfaccion inmediata : se lee lo que se quiere oír, y luego se comparte lo que sirve a la propia ideología o a las propias frustraciones.

Por ejemplo, en los últimos tiempos nos han contado una de yates. O más bien dos. En pleno mes de agosto aparecía una fotografía de Adriana Lastra a bordo de un yate, con un grupo de amigos. Los comunicadores de la derecha más estrábica presentaron la foto con los pertinentes comentarios dirigidos a un ala de twitter donde el volumen de los ladridos no deja sitio para cualquier otra conexión cerebral. El que crea que estoy insultando, que siga leyendo : el transmisor come de sus propias acciones y da de comer al hambriento y al propenso, animalizando a su propio público, apelando a sus instintos más básicos y rápidos a través de una deontología informativa siempre coja de un lado, y siempre del mismo lado. Haciendo circular un mensaje personalizado y personalizable a partir de una imagen real.

¿La imagen ? Adriana Lastra a bordo de un yate posando con un grupo de amigos1 , una foto de verano. En el encabezado, la falta de distancia de seguridad y de mascarillas -entre amigos y en altamar- se llevó la palma, así como el lujo comunista. De nuevo, todo progre debería arder en el infierno por buscar la felicidad y no esconder los billetes, por hacer competencia desleal a los froilanes, que heredaron el lujo por rango aleatorio. Esto provocó una horda de ataques e insultos. Yate digo.

« Yate digo », así presentaba C. Tangana unos días antes en instagram su canción « El yate », acompañada de una foto donde aparecía rodeado de chicas, posando en cubierta2. Enseguida se habló de sexualización, de machismo, y se comparó la foto con otra de Julio Iglesias en una piscina o de Jesús Gil en un jacuzzi. Sin embargo la simbología del jacuzzi o de la piscina, como receptáculo sexual, no es igual que un yate, ni Iglesias o Gil en un primer plano con chicas anónimas siempre detrás pueden compararse con un C. Tangana al fondo.

Para empezar, se nos olvida que la de C. Tangana no es una foto personal sino promocional, una puesta en escena pactada donde aparecen rostros conocidos como Ester Expósito, Jessica Goicoechea, Miranda Makaroff y Hiba Abouk, luego no hay supremacía real. Después, en la imagen en sí las poses sugieren que las mujeres son leonas y dominan la situación, que igual ellas se lo comen a él, por mucho que él parezca frotarse las manos. Que el ídolo espera su momento, no lo crea. Que la copa en el trasero se la pone una mujer a otra, que a la derecha otra chica exige silencio, quizás a los aguafiestas.

Esta angulosidad de miras que provocan ambos yates procede de intenciones diferentes, inspiradas por ideologías opuestas, pero no está de más preguntarse por qué lo de menos es que Adriana Lastra estuviera vestida y los chicos en bañador. O que C. Tangana posara sin mascarilla y en tropel. ¿No estaremos cayendo, como público, en los estereotipos ?

Covadonga Suárez

Es el marketing de la satisfaccion inmediata : se lee lo que se quiere oír, y luego se comparte lo que sirve a la propia ideología o a las propias frustraciones. Share on X
  1. https://twitter.com/JuanfraEscudero/status/1429410257185431556?s=20 []
  2. https://www.instagram.com/p/CShsE9EsMaB/ []

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