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Desclasificar Sanxenxo

Juan Carlos I con la chaqueta del Bribón - Desclasificar Sanxenxo

Pues bien, después de tantas décadas sin saber qué decían los documentos del 23F, por fin se han desclasificado aquellos que resistieron al tiempo. A falta de los que podían poner letra a los puntos suspensivos de aquella noche interminable, nos encontramos con lo que ya se sabía: Juan Carlos I dio para atrás al golpe de estado con una orden televisada.

De todo lo dicho y reiterado, lo que no queda muy claro es por qué el general Armada, íntimo del rey al que le cayeron 30 años de cárcel, contaba incorporarse a la Zarzuela la noche del golpe , ya que, o tenía la cara muy dura, o tenía muy claro el respaldo del rey. Cualquiera de estas dos opciones explicaría por qué los militares pensaban que el rey apoyaba el golpe, pues, de lo contrario-y parafraseando al general Juste- eso cambiaba totalmente la situación. O lo que es lo mismo, para qué meterse en un berenjenal tan mayúsculo sin garantías.

A pesar de todas las sombras, o quizás por ello, es una delicia ver a los grandes periódicos lanzar los sombreros al aire porque el emérito, rey de Abu Dabi y Sanxenxo, ha aprobado con nota la desclasificación de un hecho donde todos a su alrededor cayeron como moscas. No seré yo quien les agüe la fiesta a las grandes firmas, después de que el viento soplara sobre aquellos papeles durante 45 años hasta dejar al descubierto esta desclasificación que parece hecha a medida por los sastres de la transición. No fue tan amable la desclasificación de Corinna y Bárbara Rey, una explosión nada controlada para un emérito con banda sonora de Julio Iglesias. Tampoco la justicia ha sido muy discreta al hacer públicos sus cálculos, aunque sus milloncejos a buen recaudo y su estatus real le permitiesen expatriarse cómodamente.

Nunca sabremos qué pensamiento atravesó la cabeza de Feijóo cuando decidió adelantar por la derecha al rey Felipe VI y proponer la vuelta de su propio padre. Quizás pensó que la desclasificación suponía la absolución de todos los pecados del emérito, como si este no se hubiera fugado para evitar otro gran marrón y salvar los muebles de la monarquía que dejaba atrás. Quizás se enterneció Feijóo ante la mala suerte de Juan Carlos, siempre rodeado de hombres que acababan en la cárcel (Armada, Urdangarin,…) o de mujeres que no sabían cerrar la boca.

Tampoco sabemos qué sensaciones recorrieron el cuerpo de Feijóo, cuando la Casa Real le respondió en forma de comunicado con una hermosa metáfora fiscal que resumía perfectamente el Juan Carlos way of life. Parecía una versión del «llévatelo tú a tu casa», eslogan tan manido por la derecha contra árabes desplumados.

Todo este revuelo tan impostado por recuperar la figura de Juan Carlos I a raíz de la desclasificación de los documentos del 23F, resulta aun más sonrojante si tenemos en cuenta que en realidad esto no va a suponer ningún cambio en los planes del emérito ni de la Casa Real. Es un hecho que el rey fugado entra y sale de sus adineradas dunas cuando le apetece, y que viene a darse una vuelta por Sanxenxo si se tercia.

Algo que ha quedado claro con esta desclasificación es que no está en los planes que el emérito deje su acogedor oasis financiero por un Madrid escéptico, donde el dinero no compra la reputación ni la tranquilidad, ni garantiza la supervivencia de la monarquía.

Más sencillo aun, que los tiempos han cambiado, y los españoles también.

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