Una rosa ya no es una rosa

Una rosa ya no es una rosa, aunque Mecano haya jurado lo contario. No puede serlo. Esta escuela ha cambiado de director, y ya no es aquel que triunfó y vendió su alma al diablo. Ahora el diablo tiene rostro, se pasea a plena luz del día y hasta tiene buena planta. Una rosa en esas condiciones ya no puede ser una rosa, es obvio, ya no están los tiempos para hacerse el guay. Eso que lo hagan los estudiantes, los mangantes, o los de la puerta del Sol. Yo soy un profesional.

El electorado medio, ese surfero que coge la ola según le viene porque no sabe ni entiende ni quiere, de política, ese gran desconocido que no se quiere educar porque es, en el fondo, un emotivo patológico, es el que votó a UCD para salir del paso y que luego votó al PSOE cuando perdió el miedo a la democracia. Ese electorado, es también un sentimental, y es del PSOE. Sí, sí, en serio, porque desde que se recuperaron las urnas, creció, evolucionó y comulgó en aquel socialismo, y, ya se sabe, la adolescencia te pone molde, te marca para siempre. Del PSOE. Sí, aunque ahora vote lo que cuadra. Al PP, por ejemplo. Porque, al igual que el PSOE, le teme a la izquierda aunque diga ser progresista y con letras grandes, porque qué va a decir, no se puede ser otra cosa de boquita para fuera siendo proletariado acomodado en la clase media, vapuleado por todas partes, en paro o con pensión irrisoria, con oferta de educación nivel entresuelo y de sanidad nivel portal de Belén. Sí, votó al PP, pero fue por la misma razon que si hoy se remanga y vota a Ciudadano Kane, que es lo mismo y hasta más, pero dando un puñetazo en la mesa con orgullo cañí : volver a empezar pero sin corrupcion, sin historia y sin herencia franquista, con los postmodernos de traje sin corbata y superestudiado desaliño, que tienen todas las cartas en la mano, en la manga y saben cómo puntuar en SEO.

Por eso me pido primer para ir a crucificar a Torras, aunque los progres me llamen Lola Puñales. Porque Albert ya es el más sádico del patio, pero esto me lo pido yo, endurecer la ley, que yo siempre fui muy de ley y orden, que mi chaqueta -que nunca fue de pana- huele a democracia moderna y a marco legal, que pasar de enseñar la moderación a aplicar la constitución pasando por la ablación es todo uno. Este con el 155 hasta que se pudran todos los catalanes, pues yo con la rebelión, a ver quién la arma primero.

Que una rosa ya no es una rosa. Lo de proponer un debate, un diálogo, una solución política estilo partido de izquierdas que lo hagan los parias de Podemos. O si no el PP, que ya lo viene insinuando, esa derecha trepanada que por no tener ya no tiene ni complejos : el PP, hartos de gestionar tanto desmadre autonómico, quieren tiempo muerto y que se acabe el cuento. Pobres, están colapsados con tanta corruptela, tanta crisis y tanto currículum volador.

Si Albert se tomara las pastillas para la tensión, yo no tendría que ir a hacerme el filisteo a los platós del régimen, pero es que el nene quiere caña y leña al mono, y todo es poco. Y así no puede ser, así una rosa no puede ser una rosa. ¿O sí? ¿Podré seguir diciendo “Somos la izquierda”? ¿Tragarán mis queridos electores si les cuento que una rosa también tiene espinas? Se endulzan, lo sé, cuando me ven dialogando con los grandes, cortando este pastel que es España, sí, estoy guapísimo. Hasta podría ser el novio de la muerte. Soy lo que haga falta. Ya lo soy desde hace tiempo y no hay quien me desmonte. Soy el hombre de la situación. ¿Quién quiere echar un pulso?

 

Covadonga Suárez

Se endulzan, lo sé, cuando me ven dialogando con los grandes, cortando este pastel que es España, sí, estoy guapísimo. Hasta podría ser el novio de la muerte. Clic para tuitear

9 opiniones en “Una rosa ya no es una rosa”

  1. Lo siento, a mí no me queda claro si lo que quieres decir (que tampoco me queda claro) va por el PSOE, CIUDADOS, PP o por los tres.

    1. Gracias por intervenir. En realidad hablo de todos. Pero sobre todo, a través de este soliloquio, intento ponerme en la piel de Pedro Sánchez e imaginar lo que puede estar pensando para querer endurecer aún más la ley . La ley -según en qué casos, no en materia de agresión sexual, por ejemplo- ya parecía bastante represiva en manos del PP (Cataluña, libertad de expresión, etc.) y aún más parece querer y anunciar Ciudadanos. En este contexto creo que el PSOE ha sufrido una clara evolución hacia la derecha marcada aún más por la actitud de Pedro Sánchez últimamente, queriendo declarar delito de rebelión en Cataluña incluso lo que no incluye violencia. No quiere perder comba en el panorama electoral que se disputa la derecha, eso se nota y la rosa con sus siglas se vacían, cada vez más, de sentido.
      Es mi punto de vista en este artículo.

  2. Yo pienso lo mismo Sra. Covadonga, la rosa se marchitó, vio que si en vez de roja, sus pétalos se volvían azules y sus espinas más afiladas, aseguraría su supervivencia en un país en el que la democracia se encuentra en su mayor crisis desde el 23F.
    Los catalanes se han cansado de ser los malos, los que les prometen y les dan menos, de preparar un Estatut en consenso y ver cómo lo recortan y el Gobierno y el TC hacían una llufa del día de los inocentes con el Estatut, y les hizo mucha gracia en España, pero ni puñetera gracia en CAT, lo que con el tiempo, la mayoría llegó a pensar que mejor sólos que seguir en un país donde el nacionalismo español se volvía más rancio, dando un paso atrás en el tiempo y en el que cada vez más, se deterioraba más la separación de poderes, entre otros grandes problemas del Estado.
    La suma de todos estos factores hacen que cuando ganó el señor Sánchez y apostó por el rojo de la rosa, su tibiez y su dudosa apuesta por la izquierda, en alianza con la rosa morada, pues hizo que su Rosa se marchitara, ya no sólo en Terraza, también en las encuestas, por eso un año después, el instinto de supervivencia, ha hecho que la Rosa se adaptara para sobrevivir, el cambio al azul, para ganar votos perdidos que se iban al PP y el afilar sus espinas para evitar que los naranjos le coman el espacio y hacer que los votantes dudosos, pero de profundo nacionalismo español, vean en sus espinas afiladas como un atractivo, en vez de lo que realmente es, un gran peligro.
    Al final, como bien usted dice, esa rosa ya no es una rosa, se le parece, pero ya no lo es.

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