Lo incuestionable

De esto ya llovió : sucedió en un concierto de Radio Futura en los 90. Yo estaba a pocos metros del escenario. Delante de mí, a la izquierda, había una pandilla de rockabillies con el torso desnudo bailando como descosidos y un poco pasados de rosca, tanto que de vez en cuando alguno derrapaba y se caía ligeramente sobre unos jóvenes que estaban al lado. En uno de aquellos embistes un chico increpó a aquel bailarín sin equilibrio que ya le había pisado un callo tres veces. Por aquel rostro festivo pasaron varias nubes negras en cuestión de un segundo, y se lanzó sobre el otro tirándolo al suelo del primer puñetazo. Los demás miembros de la tribu, sin saber de qué iba la historia, al ver la gresca se avalanzaron saltando unos por encima de otros como muertos de hambre para propinarle las consiguientes raciones individuales que al parecer se servían en grupo y sin conocer ni la voz del cliente. En dos segundos los rockabillies volvieron a su baile y el espacio que se había creado se cerró sobre sí mismo.

Esta escena se repite en mi cabeza desde hace unos días, un recuerdo prácticamente olvidado donde lo que más me había impactado había sido la ceguera colectiva, la protección-agresión a ultranza, la lealtad incondicional al marco social donde evolucionaba aquella pandilla sin ningún tipo de cuestionamiento.

Sin duda era aquel un planteamiento muy primitivo. Y extrapolarlo a cualquier situación actual es ciertamente arriesgado. Pero yo intento saber por qué ha resurgido este recuerdo, precisamente el día en que Aznar habló en el congreso para prestar declaración por los casos de corrupción. Si resumo rápidamente su intervención : no hubo corrupción, no hubo soldados, no hubo guerra, los invitados a la boda de su hija eran extras, y los golpistas de 2018 son los que no llevan armas.

A pesar de cada una de las negras sombras que acompañarán al expresidente toda su vida, un par de días después aparecía como una estrella de cine, junto a Felipe González, ambos invitados por El País a la primera de las charlas organizadas sobre la Constitución. El ambiente era más que distendido . La Constitución, las instituciones, qué grandes inventos, gracias a ellas muchos se han librado y se libran de la cárcel : inviolabilidades reales, aforamientos, marcos de actuación controlados, extirpaciones dirigidas periódicamente que hacen sobrevivir el sistema para que siga funcionando igual de bien, poder judicial retroalimentado por el marco político-institucional, los engranajes engrasados hasta el horizonte. El bipartidismo histórico, enemigo de oposición feroz de otro tiempo, ha tenido que reencontrarse en el futuro -una vez hecha carrera de fondo- para aparecer públicamente en representación de la simbiosis constitucional perfecta. Porque fue el instrumento clave de la transición, el día del falso debate se habló más de una Constitución-símbolo que de una Constitución-herramienta, también porque si se discutiese de su utilidad o aplicación a la época actual habría que modificarla, y porque quienes tienen hoy el poder para hacerlo prefieren utilizarla como crucifijo que queme la frente de los infieles.

El ahijado de Aznar viene a caballo de esa biblia, y el grabado le está quedando precioso. El Supremo lo sabe, y lo sabrá cuando le toque el turno a los Jordis, encerrados desde hace un año en prisión preventiva, es la misma justicia que devolvió a la Manada a la calle por no suponer ningún riesgo, la misma justicia cuyos esbirros distribuyen estopa con conciencia de pertenecer a un equipo y a una jerarquía que difunde su propia idea de España.

Y así nos va después en la calle. La ceguera colectiva, la protección-agresión a ultranza, la lealtad incondicional al marco social donde evolucionaba aquella pandilla sin ningún tipo de cuestionamiento, debió parecerme sin duda un planteamiento muy curioso, y fascinante por primitivo.

Covadonga Suárez

El ahijado de Aznar viene a caballo de esa biblia, y el grabado le está quedando precioso. Clic para tuitear

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