La mariconez en su elemento

¿Cómo extirpar del lenguaje común toda una serie de expresiones de los machistas u homófobos de otro tiempo? Resulta muy complicado cuando ya están tan asimiladas en el lenguaje común, sin embargo, después de lo que ha pasado en Operación Triunfo con la palabra «mariconez» no me imagino a nadie cantando como Loquillo en 1987: «que no la encuentre jamás o sé que la mataré». Lo que ha cambiado el planteamiento a través de los años han sido las víctimas de discriminación y de violencia, y que ciertos comportamientos hayan entrado en la esfera de lo público, generando una respuesta socialmente responsable ante el problema.

Sin embargo me gustaría analizar la «mariconez» en su elemento. El que conoce a Mecano lo sabe: las canciones las escribían los chicos. La temática y los estilos eran múltiples, las atmósferas variadas, se trataba de creaciones en el más amplio sentido de la palabra, y hasta tal punto que la vocalista cantaba a menudo en masculino. Ana Torroja no hablaba de ella sino que transmitía esas producciones aportando la capacidad expresiva y musical de su voz. Por otro lado, los hermanos Cano escribían muy a menudo en primera persona, pero además de expresar el amor, el desamor, el mal de amores, unas veces eran negros («El blues del esclavo»), otras bisexuales («Stereosexual»), otras homosexuales y tenían el sida («El fallo positivo»), y eso cantado por una mujer convertía sus canciones en auténticas proezas de licencia poética, lo cual suponía una novedad en la canción española, acostumbrados históricamente a que los autores escribieran para divas y divos. En literatura sabemos que el narrador no es el mismo que el autor, en las películas que el actor no es el personaje que interpreta, pero una canción parece fundirse con quien la canta. Sin embargo ese no era el caso de Mecano.

Escuché «Quédate en Madrid» por primera vez en 1988 y puedo decir que al principio me chocó el término «mariconez», pero no exactamente por la misma razón que tanto ha dado que hablar estos días, sino porque me parecía un término malsonante en una canción de amor, digamos que para mí era una caída de tono. No me molestaba por su sentido de gilipollez, memez, cursilería o ñoñez, asociada a la condición homosexual. Todos sabíamos que Mecano era militante de muchas causas, entre ellas la homosexual, como sucede con la hermosa y rompedora en aquella época «Mujer contra mujer», del mismo album que la anterior. Es precisamente «Quédate en Madrid» la historia de un micromachismo, pero no por la tan comentada «mariconez» sino por la construcción del protagonista, que es el narrador de la canción y que no tiene por qué identificarse necesariamente con José María Cano. Desde esta óptica el juicio sobre el término «mariconez» pierde todo su sentido puesto que estamos hablando de un machito que se expresa de una forma determinada y lleva una vida determinada hasta que cae de cabeza en el amor. El personaje es el típico varón obnubilado por su condición de macho, envuelto en una sociedad que anima a serlo, a no mostrarse tierno, a no concederse una debilidad, a «guardar la ropa al mismo tiempo que nadar», y que dice rudamente, en medio de su declaración de amor, haberse «resignado a ir en pelotas mientras dure el mar». Hasta aquel momento el narrador concebía la mujer como un objeto de satisfaccion sexual y un espejo de autoestima viril. La cosificación, el concepto de la mujer como objeto queda patente en «yo que de estas estampas me limitaba a hacer coleccion», pero nadie se lo ha planteado.

La palabra no es lo más importante sino lo que encierra, quién lo dice y cómo. Vivimos en un tiempo en que nos replanteamos ciertas cosas de manera puntillosa, y es más que nunca lícito, por necesario, y por responsable, pero a veces lo hacemos de forma desenfocada. La licencia poética de Mecano podría hacer de esta canción un canto al macho reeducado, reinsertado como sujeto sensible en una sociedad donde los tópicos sexistas deben más que nunca venirse abajo, pero nadie se ha fijado. Y es una pena.

Covadonga Suárez

El personaje es el típico varón obnubilado por su condición de macho, envuelto en una sociedad que anima a serlo. Clic para tuitear

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