La exuberante quietud del cisne

Yo recuerdo aquel domingo 24 de noviembre de 1991.

O más bien el lunes, fue en la facultad. Recuerdo a un chico desgarbado, enorme para aquel minicoche de segunda mano que le servía de utilitario, y ante el que se plegaba como una mesa de camping cuando quería introducirse en él. Yo no sé si era lo exiguo del habitáculo o las dimensiones del propietario, pero cuando entrábamos dos o tres no se veía gran cosa en su interior. Me crucé con ese chico dos o tres veces, no recuerdo su nombre ni la marca del vehículo, pero recuerdo lo que dijo aquel 25 de noviembre del 91 delante de la facultad. Su coche parecía más ensombrecido que nunca, una melodía salía de él transformándolo en caja de música, y nos dijo con una cara que parecía inexpresiva pero que era el reflejo de una gravedad mayor : «el que quiera subir que suba, pero esta semana en mi coche sólo se escucha a Queen, es mi homenaje a Freddie».

Recuerdo que me sorprendió. A principios de los 90 y en el medio universitario Queen podía parecer una opción musical poco original en comparación con otros grupos, un estilo más trillado al igual que su look, y Freddie una especie de Raphael del rock. En realidad esta definición simplista puede resultar autosatisfactoria cuando se llega tarde a la fiesta, y no se siente en el momento tanto la desaparición como la presencia en los años que siguieron.

Bohemian Rhapsody es una película sorprendente, desde el momento en que aparece Rami Malek, el actor de físico menudo, aire adolescente, ojeroso y paliducho de la serie Mr. Robot, aquí transformado en Freddie Mercury, no sólo encarnándolo sino evocándolo. A pesar de sus ojos saltones en un rostro pequeño, y de una prótesis dental destinada a paliar su distancia física con el músico -y que parece molestarle realmente por momentos- llega al centro de su interpretación sin caer en extravagancias ni histrionismos, interiorizando la emoción, transmitiendo arranque y timidez, determinación y fragilidad.

La película no trata la homosexualidad ni el sida en primerísimo plano aunque son elementos intrínsecos de la narración, y quizás eso pueda propiciar que algunos califiquen de políticamente correcto lo que en mi opinión es un logro. A pesar de la magnitud del fenómeno ‘Freddie Mercury’ y de lo operístico de las formas y del fondo del personaje, la película se desarrolla en torno a su música evitando así caer en cualquier exceso que parece ir unido inexorablemente a su figura, lo cual hubiera sido muy fácil pero habría convertido el film en uno de tantos dedicados a una estrella del rock. Sin embargo, la tensión se mantiene con una fuerza inusitada, y asistimos a la construcción del personaje, a la evolución del grupo, y al desarrollo narrativo a través del proceso de elaboración de su música : es la música la que lleva la historia e hilvana la biografía del propio Freddie. Y es en este punto en el que la película hace justicia histórica a la originalidad de Queen, retratando una búsqueda musical y personal que tienen nombre y sonido propios.

El segundo punto que exige y encuentra reparación es el lado anticonvencional del proyecto Queen : semejante mezcla no aguantaría sin un verdadero vínculo kármico, no sólo en la cohesión interna del grupo sino en el feeling de Freddie Mercury con el público. Seguramente podría afirmarse que el 90 % de los fans de Queen no eran ni son gays y sin embargo Freddie lo era abiertamente, su vida y su muerte llevaban ese estigma en una época endurecida por el sida. Queen, conducido por Mercury vehicula un rock viril y potente, sus ademanes en el escenario son los de un león orgulloso, sensual, y lleno de energía. Su look fantástico y a veces improbable, sus movimientos suntuosamente perfilados envuelven a cada instante un físico muy masculino. Algunas de sus letras sugieren un armario abierto : («Bohemian rapsody», «I want to break free»), otras están sonoramente sobradas de testosterona y vitalidad («We are the champions», «I want it all»). Su rock tiene un envoltorio épico y explosivo, su voz se enrosca al aliento del grupo, lo aprieta, y lo propulsa. La química existe y la película lo cuenta.

La cinta tiene la lucidez de discurrir con la música y de pararse cuando esta se para. No cae en sentimentalismos, ni golpes de efecto melodramáticos. El final, con el concierto de Live Aid, es simplemente grandioso de pura contención. Este cierre digno, tan impropio del espíritu blockbuster hollywoodiense que quiere siempre subir el volumen cuando llega el final, e incluso discordante con la propia personalidad de Mercury en el escenario, se vuelve púdico en su realismo apabullante. Así, la ensoñación que produce es lúcida y la emoción que despierta es intensamente personal.

Covadonga Suárez

Su rock tiene un envoltorio épico y explosivo, su voz se enrosca al aliento del grupo, lo aprieta, y lo propulsa. La química existe y la película lo cuenta. Clic para tuitear

3 respuesta a “La exuberante quietud del cisne”

  1. Te felicito Covadonga por tu excelente crítica. A mi me encantó esta película y el actor interpreta, como tu bien dices muy correcto sin abusar del personaje.
    Para mi Freddy Mercury fue y será un mito como James Dean o Marilin Monroe.un saludo.

  2. Quizás, le falta algo más de metraje, para que todo hubiese sido más redondo En cuanto hurgar más en lo que es la vida promiscua y sus fiesta locas, no había ninguna necesidad. En aquella época, drogas, sexo y Rock, iban unidas a cantantes y grupos, incluso su Majestad el Duque Blaco, tuvo una época muy desatada y lo bisexual, se había puesto de moda. Freddie, era muy teatral y exibicionsta y por alguna razón la prensa siempre se cebó en él y encima tuvo la mala suerte de coger esa maldita enfermedad, hay que pensar que casi todos los amigos del círculo que frecuentaba, padecieron la enfermedad, con lo cual, el morbo se cebó en el.
    Yo soy de las clásicas mamás, que cuando iban a buscar a sus hijos al cole, llevaban a toda pastilla los casetes de Queen, mi hija creció con ellos y aunque tendría unos diez años, lloro con desconsuelo, cuando se enteró de la muerte de Freddie. La película es brillante, emocionante, vibrante y Ramy, no precisa tener un parecido total, para transformarse en Freddie, ha captado su alma su fragilidad, que era gran parte de su caracter y ese hacerse grande y poderoso cuando subía el escenario. En cual al actor que interpreta a Brian, me tienia perpleja, no se parecía, a Brian, era Brian en persona, sobre todo, en el escenario.

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