La verbena de la gaviota y los creciditos

 

Yo no sabía si estaba presenciando La verbena de la Paloma, viendo un partido de fútbol desde la zona de los ultras, o me encontraba ante una de esas españoladas de los 60 donde la escena culminante se cerraba declamando máximas marciales de una ingenuidad que hasta hace poco harían sonrojarse a cualquiera. Pero al ver a aquel corifeo despechado, en su lance castizo-macarrilla, creí que alguno iba a arrancarse cantando : « Y si a mí no me diera la gana de que fueras del brazo con él ». Sólo que, una vez más, la realidad supera a la ficción por exceso.

¿A dónde fue a parar la moderación non plus ultra de nuestra derecha? Lo más curioso es que la tan manida moderación constitucionalista de los últimos meses ha desaparecido del vocabulario de todo partido viviente, y se ha hecho una realidad, por defecto, en las sesiones de investidura. Por arte y magia de la democracia, la derecha rancia y los creciditos por las urnas, tan ofendidos por la proliferación de pactos, se retorcieron con vivas al rey y a España. Sé que muchos dirán : ¿y qué tiene eso de malo ? Nada, si no fuera por el histrionismo de un patrón repetitivo y esta vez en el marco del congreso que a algunos les sirvió de teatrillo. Por eso, a pesar de la sorpresa suma de ver a Sánchez pronunciando discursos de izquierdas que asombrarían al más pasmado, lo más granado del vodevil fue el PP vociferando, insultando, saltando por encima de Vox y robándole el discurso. Lo malo es que, una vez aterrorizado Teruel, y habiendo negado la JEC toda forma de vida fuera de sus fueros, si algún día se deciden a hablar normalmente ya va a ser demasiado tarde.

Ahora la moderación la encarna el PSOE, que recupera su lugar de pacificador histórico ante la derecha franquista, y Unidas Podemos, que demuestra que sí se puede y que no tienen rabo ni cuernos. Incluso los nacionalismos periféricos del bloque progresista, demonizados a destajo por el poder ejecutivo, judicial y policial, se han mostrado de lo más sensato, han condenado el terrorismo en todas sus formas y quieren paz y buen gobierno. El PNV ha recordado hasta qué punto el felón tiene permiso monárquico para gobernar España, y qué flaco favor le hace el PP a la Zarzuela mostrando su lado más golpista y mentando al rey en la misma frase. El formato del gobierno progresista -e incluso el de las abstenciones- resulta cabal, moderado y conciliador. Ahora la derecha, tan antigua, cabreada, replegada y envenenada, deberá pensar en cómo salir a la superficie de un mundo nuevo.

El panorama de desencanto social que llevó la ofensa ciudadana a ebullición de la mano de la derecha en su triple faz, ha desvelado un autotiro en el pie cargado de simbología nacional y de la apropiación de un amor patrio a cualquier precio que no resultó tan desinteresado ni, en consecuencia, tan sincero.

Algo me dice que los creciditos que anabolizaron la bandera, se verán ligeramente menguados por su sobreactuación. El espectáculo ha sido sonrojante de puro maleducado y guerracivilista, pero lo ha sido aún más por un buscado -y hallado- agravio comparativo.

Covadonga Suárez

2 respuestas a «La verbena de la gaviota y los creciditos»

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